jueves, 10 de abril de 2014

Gente

Cuando introduces un dedo en una pecera, un movimiento casi imperceptible para nosotros hace que ondas físicas viajen a través del agua y asuste a los peces que en ella habitan. Seres tan diferentes a los humanos, con sentidos desarrollados de forma diferente, con sistema respiratorio diferente, sexualidad diferente, anatomía muy diferente, reaccionan instintivamente y se mueven incesantemente intentando escapar del peligro que los puede aniquilar. Por supuesto, para ti que sólo has metido tu dedote en el agua, no representa absolutamente nada, únicamente querías ver qué se sentía tener la mano mojada.

No obstante, para el pez se trata de un momento lleno de adrenalina, no sabe exactamente qué es lo que produjo los movimientos que ha percibido de manera impresionante, pero sabe que muy probablemente su vida esté en riesgo, por eso se mueve rápido, intenta huir. Cuando observa que ya no hay peligro, aunque ignore qué había sucedido, sigue en su sedentaria vida de pecera. 

¿Acaso no tenemos las mismas reacciones los seres humanos? Traducidas en otras situaciones en las que influyen las relaciones sociales que tejemos. Nos sentimos atacados, nos alejamos, actuamos impulsivamente, quizá en la consciencia no creemos que nuestra vida corre peligro literalmente, pero sí hay algo que nos indica que esa situación no nos será favorable. ¿Quién diría que aún guardamos parecido con los peces?

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