Continuando con lo escrito en la entrada anterior, recuerdo que fue justo en la secundaria cuando proclamé que no creía en un dios… mis amigas me dejaron de hablar unos días. Nunca entendí por qué, entiendo que quizá fuera muy joven para andar diciendo tremendas cosas, pero a la fecha lo sigo sosteniendo. Hablar de religión es muy complejo, sobre todo por todo lo que he aprendido a lo largo de mi vida y la formación profesional que he tenido.
No obstante, no es que me repudie la religión, intenté mantener separada esa esfera, en la cual no creo, lejos de los otros aspectos de mi vida. Pero me ganó la curiosidad, así como el conflicto palestino-israelí, esos problemas llaman mi atención, la forma en que diversos paradigmas se conjugan y muchas veces logran convivir, pero en otros generan grandes tensiones y hostilidades. Así como el caso de Francia y sus musulmanes, tema que espero desenmarañar en mi tesis.
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